Somos actores de nuestras historias

Somos actores de nuestras historias

No es casual abordar por esta magnífica afirmación, todo parte de ella, veamos cómo se simboliza

Las adversidades, el contexto, las circunstancias, en pocas palabras, el escenario en que nos movemos establece el papel que interpretamos. Salirse del guion es imposible, pues va a llevar al problema frontal con el resto del reparto, el autor y la misma puesta en escena.

El papel que constituimos no lo hemos elegido, simplemente intentamos llevarlo adelante con la mayor dignidad posible. En ocasiones, observamos de reojo y con envidia a quien tiene un mayor protagonismo en la representación.

Esta es nuestra vida y vamos a esmerarnos en jugar bien las cartas. Comparándonos con otros, podemos incluso concluir que la nuestra no es una mala posición. Las hay de peores

Esta es una forma de deducir muy en boga que nos ayuda a acomodarnos en una posición conformista, silenciosa y reactiva a los acontecimientos próximos. Constantemente tenemos la impresión de ser una hoja a merced del viento y que no podemos dirigir el curso de los acontecimientos ya que las fuerzas que se movilizan son inmensamente superiores a nuestra modesta capacidad personal, no todos tenemos madera de héroes.

Menudo engaño has construido, lo peor es que te lo crees.

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Veamos desde otro punto de vista, seguro que en más de una momento has tenido la percepción de que el camino de separaba. Era necesario elegir uno, parecía que se podía intuir lo que pasaría, por el camino, nos instalábamos en el conformismo, el lamento, la queja y la impotencia, todo ello bien envuelto en un halo de falso confort. El otro arrancaba hacia la espléndida cuesta arriba, prometiéndonos una travesía agitada, donde había que defender con energía puntos de vista, luchar por mantener el rumbo, confiar en uno mismo, manejar la ansiedad y no tener casi nunca la seguridad de haber elegido el camino correcto.

¿Cuál fue la decisión? Porque realmente la hubo. Siempre la hay. El camino más difícil siempre lleva a un saludable aprendizaje; la satisfacción del trabajo hecho y un poco de serotonina producida al sentirse uno autor de la propia biografía. No nos diga que no va encontrando con su vida bifurcaciones. No nos diga que no va tomando decisiones. Sobre todo, no nos diga que no está eligiendo. Le aceptamos que opte por el camino fácil, incluso que afirme le resulte más cómodo, lo que no podemos aceptar es que no defienda que no es el protagonista de la historia que usted ha decidido escribir

Menudo contrasentido. Nos pasamos una parte de nuestra vida en una batalla desigual. Por un lado fantaseamos con la posibilidad de no tener ninguna responsabilidad, de asentir las decisiones a otro y de vivir en la no tensión. Una especie de vuelta al sereno, silencioso y cálido útero materno. Por otro intuimos que la vida logra un mayor sentido cuando cogemos nosotros las riendas, tiramos de ellas y todo acelera rápidamente

Somos el producto del desarrollo de nuestros genes en el ambiente que nos ha tocado vivir. La experiencia no es lo que sucede, es lo que haces con lo que te sucede. Si no haces nada con tu experiencia, tristemente no te sucederá nada.

A medida que pasan los años, vamos encontrando nuevas bifurcaciones reveladoras dentro de las que vamos eligiendo experiencias: ahora elijo el camino del protagonismo, ahora el de la víctima. Creemos que no es posible el equilibrio. La balanza estará decantada claramente hacia un lado o hacia otro. A medida que pasa el tiempo nos vamos amoldando y nos es más difícil re-conducir o cambiar la preferencia

Seguramente todos conocemos a uno que abdico de la responsabilidad de decidir qué hacer con su vida y ha dejado que los hechos y el azar quienes marquen su rumbo. También conocemos a alguien que lucha desde la convicción para conseguir que pase lo que le interesa, a la vez que asume la responsabilidad de las consecuencias de sus decisiones

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En el mundo del trabajo también caben los dos tipos; las víctimas, que obedecen desde su resignación a las normas de la empresa, del mercado, de los jefes, de lo que dicta el “para que cambiar si siempre lo hemos hecho así” y otros muy distintos, los protagonistas que hacen que sucedan cosas, los del “yo lo veo así, vamos a probar”.

Los que se lamentan y los que actúan. Las personas que se instalan en el victimismo se sienten constantemente superadas por los acontecimientos. Su actuación es de estímulo-respuesta automática, como si ellos no intervinieran. Saben cómo les gustaría que fueran las cosas pero no creen, ni por asomo, que puedan intervenir en cambiar el curso de las mismas. Piensan en una serie de imponderables son los que ordenan y que no pueden intervenir. Se sienten tan pequeñitos que solo les queda instalarse en el lamento y esperar a que un día todo cambie. Entonces sí que podrán demostrar quienes son verdaderamente

Hasta ese día, que no acaba de llegar nunca, han de esperar y aguantar esa enorme injusticia que, por alguna extraña mala suerte les ha tocado vivir.

Descubrimos muchos ejemplos habituales: personas que llegan tarde y le echan la culpa al tráfico “es que está fatal, mientras no acaben las obras” que no llegan a los objetivos y le echan la culpa al mercado “mientras los chinos vendan a esos precios ¿Qué puedes hacer? “ Están a disgusto con su trabajo y le echan la culpa a su jefe “tú ya conoces a mi jefe, ¿qué puedes hacer con un tipo así?” Nada. Aguantarse hasta que se vaya o lo jubilen

Siempre la misma cantinela, que se repite hasta la saciedad “yo no he sido, yo no soy responsable. Yo no puedo hacer nada.  Tengo que…Debería de “

Dan ganas de ponerle música si no fuera porque hay un mensaje muy duro detrás de esa queja yo no soy responsable”. Yo soy impotente y no puedo dirigir mi vida, así que la dejo en manos de las desgraciadas circunstancias que me han tocado vivir, que son las que deciden por mí. Me siento tratado injustamente y eso me llena de resentimiento. No me merezco tan mala suerte”. Visto así realmente nadie merece esta vida. Porque lo peor es que acaban creyéndose que la vida es eso, y el conformismo invade la manera de pensar. Los otros o las circunstancias se vuelven imitadores de su vivir. “No tengo ningún control sobre lo que sucede, lo tienen las circunstancias o simplemente, los otros”

En nuestra experiencia, las personas que han tenido éxito son aquellas que se sentían protagonistas de su vida, que asumían la ansiedad que conlleva decidir.

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Porque entre lo que ocurre y la respuesta que das, no hay ningún tipo de automatismo. Lo que sí existe, es un precioso proceso de decisión que te está esperando para que “tu” decidas lo que quieres que pase, “tu” analizas y en base a “tus” valores y de acuerdo con “tus” principios, decides, y recuerde lo importante no es que luego ocurra lo que había planeado. De ninguna manera, porque, efectivamente, los chinos están marcando políticas comerciales muy agresivas y supongo que usted solo no puede modificar la economía china.

Hay que conocer que existen factores que son condicionales y que no están en nuestras manos, pero no por eso nos volvemos pasivos. A fin de cuentas en último extremo, podemos considerar que la vida es un fracaso, porque al final te mueres. Y eso no nos deprime, sino que nos estimula a vivir más intensamente

Lo importante es que cuando tomemos decisiones lo hagamos de acuerdo con nuestros valores y principios, que asumamos la responsabilidad de nuestros caminos. A la pregunta de “¿has hecho lo que debías”? contestaremos con rotundidad y afirmativamente. Eso sí que es incondicional. Aquí no nos equivocaremos nunca, independientemente del resultado. A eso se le llama dormir tranquilo todas las noches” A esto que le llamamos ser protagonista de tu vida, al proceso de decidir qué quieres que pase, al asumir responsabilidad las consecuencias de nuestros actos. A intentarlo perseverantemente. Si no piensas y actúas, otros lo harán por ti y solo podrás lamentarlo. Este es el desafío.

Puede que las definiciones que hacemos de lo que nos pasa también lleguen a fatigarnos, producirnos desánimo y hacemos perder el optimismo necesario para mantenernos en nuestra posición de protagonista. Puede que añoremos la posición contraria, la de no sentir la responsabilidad y buscar la aparente comodidad de la víctima. Hay que estar alerta ante esas situaciones y aunque nos demos de vez en cuando permiso para ser unas poquitas víctimas y que nos compadezcan, debemos volver luego, rápidamente a nuestro posicionamiento de protagonista.

En ocasiones hemos encontrado alguna victimas que habían escalado hasta puestos de responsabilidad. El panorama era desolador: ante su no decisión desplegaban una actividad errática y consumían la mayor parte de sus energías en justificar resultados que no sentían como propios. Si tenían equipo, su estado era francamente lamentable

Ser protagonista significa asumir las decisiones en coherencia con los principios y valores propios. La vida la vamos llenando de sentido con esa coherencia, independientemente de si los resultados coinciden con nuestros objetivos. El éxito está más allá de los resultados.

Ser protagonista es optar por el camino del aprendizaje, aunque duela y tenga la seguridad que el mundo se mueve a merced de los impulsos que usted y otros como usted transmiten incansablemente.

Oscar Farré: Consultor y formador en Tempo Consultoria Inregral

 

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