O tengo éxito o aprendo

O tengo éxito o aprendo

Es una gran verdad y debemos negar absolutamente la tentación que puede tener en identificar el fracaso como alternativa al éxito. Veamos cómo llegar a dejar de lado definitivamente esta simple dicotomía para entrar en un planteamiento más rico y esperanzador.

Estaremos de acuerdo en que no es posible aprender sin experimentar y, como es lógico esperar, que no todas las experiencias tienen éxito. Alguien dijo que “cuando lo pierdas todo, no pierdas la lección” incluso, algunos dicen que “solo se aprende de los fracasos”. Sin llegar a extremos tremendistas, no se puede aceptar que exista una mala experiencia sin que esta comporte claros y enriquecedores resultados. De la misma forma en que todo lo bueno hay malo, podemos permitirnos afirmar que en lo malo siempre hay algo bueno; disponer de ricas vivencias, ensayar nuevas formas de estar, experimentar con lo nuevo nos va a llevar a nuevos caminos y a nuevos aprendizajes. De ninguna manera es posible crecer sin explorar. Si como dice el refrán “nadie nace enseñado” no se nos ocurre otra forma de aprender que experimentar.

La curiosidad es innata en todos los seres vivos dotados de sentidos. Percibir el entorno es una gran herramienta para poder orientarse. Todos los animales que se mueven necesitan los sentidos para reconocer los obstáculos, buscar comida o evitar agresiones. Es por ello que necesitamos observar y aprender para guiar nuestros movimientos en la dirección deseada, esperando que sea la adecuada.

Vivir es moverse y los humanos lo hacemos sistemáticamente. Ocupamos lugares físicos constantemente cambiantes que nos informan innecesariamente de nuevos datos. Una ventajosa ubicación es identificable a gracias al aprendizaje de la experiencia que procesamos a través de los sentidos. Tener sentidos entrenados y despiertos es requisito sine qua non para obtener los resultados esperados. Sin sentidos no hay mapas y sin mapas no hay orientación posible. En última instancia, necesitamos de la práctica para aprender y orientarnos

Si en el mundo sensorial sucede lo anterior, en el mundo de nuestra conducta podríamos encontrar muchas similitudes. Las empresas no son otra cosa que escenarios específicos donde podemos observar el comportamiento humano. Si pensamos en nuestras organizaciones actuando en la práctica cotidiana vemos gran cantidad de conductas a observar. En este momento nos interesan las que se presentan en forma de dos caminos: uno es el de la repetición, que nos lleva apaciblemente a un lugar seguro, no por lo exitoso sino por lo conocido; otro camino de la experimentación, que nos lleva a una nueva respuesta.

El primer camino representa una visión limitada y conservadora, orientándolo a la seguridad que fantaseamos en la inmovilidad. Es una buena estrategia de supervivencia.

En ocasiones hemos tenido la sensación en algunas empresas de que los equipos y sus directivos están aletargados, aislados del entorno, del mercado, de las innovaciones y nuevos retos del mundo global, de necesidades de sus trabajadores, de las esperanzas, de las expectativas de sus clientes, de sus propias ilusiones. Hemos tenido la sensación de que están enchufados a una máquina que se llama “cliente habitual” que alimenta su estado vegetativo mientras el cliente habitual siga haciendo lo habitual y nada cambie. Creemos que lo más decente es desenchufarlos

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El segundo camino se inicia con la adaptación y está asociado al movimiento. Empuja a desarrollar la capacidad de reaccionar, es decir, a tener una nueva respuesta ante un estímulo diferente, nuevo o previsto. Requiere necesariamente mantenerse ágil. En forma distinta al oso, que debe acumular grasa y energía para soportar el letargo,. Amplificar la capacidad de respuesta es fundamental y tomar riesgos, básico. Si bien es cierto resultado no siempre es el esperado, también lo que seguro es que este sea nuevo o cuando menos diferente. Cuando este nos satisface le llamamos “éxito” y cuando no nos gusta, en lugar de llamarle “fracaso” deberíamos llamarlo “lección”. Solo en entornos estables no nos será requerida esta habilidad.

Esta adaptación lleva intrínsecamente unida la voluntad de la anticipación, el deseo de prever lo que va a suceder. Esto es lo que llamamos profesionalidad. Un profesional es alguien capaz de enfrentar una situación a partir d su capacidad predictiva.

Decimos de alguien que es un buen profesional porque usa su conocimiento para anticiparse a lo que va a suceder tanto en el mundo físico (en la mecánica, la tecnología, etc.) como el de las esfera de las relaciones (reacción del mercado, clientes, colaboradores). Esta habilidad se construye desde la práctica en situaciones que no necesaria y constantemente comportan éxitos.

Una sugerencia. Si intenta completar la frase “fulanito/a me dio una gran lección en aquella ocasión en que yo”. Intente recordar esa lección recibida. Es muy probable que si ha contestado honestamente haya aparecido una experiencia personal de poco éxito o incluso un grave error

Thomas Edison se le atribuye que hizo más de 2000 pruebas antes de dar con los filamentos incandescente que aplico a las hoy cotidianas bombillas. Preguntado sobre si no había desfallecido en su ardua búsqueda respondió “De ningún modo, ahora sabemos más de 2000 formas de cómo no funciona”

En el “sabemos” está la clave. Siendo rigurosos debemos concluir que no existe experiencia sin aprendizaje más allá de sus resultados. La construcción correcta de la frase seria “aprendo cuando consigo un éxito o aprendo buscando el éxito”. Siguiendo el razonamiento, podría quedarse en “aprendo cuando busco y aprendo cuando consigo el éxito”

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Puede parecer optimista, pero el auténtico fracaso es no haberlo intentado, no solo por la oportunidad perdida, sino por la incertidumbre de no saber cuál habría sido el resultado.

Todo afán investigador, desde tiempo inmemorial, no ha tenido duda respecto a esta premisa y tiene presente en todo momento su vital importancia. Tan científico es comprobar la hipótesis que se quería demostrar, como falsearla. Dicho en otras palabras, el conocimiento avanza gracias a que alguien demuestra la validez de una idea o principio, así como cuando se demuestra su equivocación.

La identificación e errores y malas prácticas producen efectos no deseados nos enriquece. Que la mala experiencia no produzca satisfacción no quiere decir que no sea positiva para nuestro desarrollo. Es necesario caer para levantarnos si queremos aprender a levantarnos. Ahí hay un gran valor, además del enriquecimiento derivado de la experimentación, el aprendizaje derivado de la superación. Toda adversidad nos hace mejores en la medida en que desarrolla una nueva sensibilidad, comporta siempre que mejoremos nuestra capacidad para percibir de forma más rica y con toda seguridad, de forma más completa, dimensionada o profunda. Aprender siempre nos hace mejores

O tengo éxito o aprendo. ¿que te parece?

Oscar Farre: Consultor y formador en Tempo Consultoria Integral

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Un comentario sobre “O tengo éxito o aprendo”

  1. Buenos días Oscar,
    Podrías decirme algún libro de referencia que hayas leído sobre el tema?
    Saludos,

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