Nadie trabaja mal

Nadie trabaja mal

Cierto, ¿Cómo no? ¿Tenía alguna duda?, Seguro que la tenía y que en este momento le vienen a la mente todo tipo de imágenes de errores, disfunciones, graves equivocaciones, negligencias, etc. Aunque no lo crea en este instante es usted quien está en un error. Es mejor que lo sepa ahora y no dejarlo para más tarde.

Con toda seguridad existen problemas, sería ingenuo negarlo, pero deducir que existe un trabajo mal ejecutado porque detrás hay alguien que trabaja mal, eso es otra cosa, pero vayamos por partes.

Primera cuestión que le pedimos que responda: ¿Conoce usted a alguien a quien les guste trabajar mal? Ha entendido bien la pregunta. Nos referimos a alguien que se sienta orgulloso de una mala ejecución o que alardee de ello. ¿Sabe de alguien que esté más feliz con un pobre resultado que con un buen resultado de su tarea? Más aun, en alguna ocasión la frase “Mira que mal me ha quedado ¿la ha oído usted en un tono de satisfacción y orgullo?

Piense ¿verdad que no? Generalmente la frase entrecomillada se dice en un tono doliente y no es sino una expresión de incomodidad la que acompaña esta constatación. Cierto, a nadie, insistimos, a nadie le gusta cometer errores, odiamos equivocarnos, no nos satisface cuando el resultado de nuestro trabajo es deficiente. Es más, no solo no estamos orgullosos sino que somos capaces de buscar cualquier excusa, razonable o no, para desvincularnos de un mal resultado, cualquier excusa es buena con tal de alejarse o negar la propiedad del error o una deficiente ejecución.

Esto es así hasta el punto de que los mejores ejemplos de creatividad los puede encontrar al intentar Nadie trabaja mal<<alt>>asignar a alguien un error o incumplimiento. Todo vale con tal de no reconocerse responsable de algo que no funciona según lo esperado. Cualquier excusa aparece en la boca de quien se equivocó, para no hacerse cargo, atribuirse o simplemente, tomar distancia de error. La gran cuestión es que a pesar de la incomodidad que comporta a quien lo ejecuta, a pesar de que nadie quiere sentirse responsable de una deficiencia, a pesar del malestar que genera equivocarse, siguen produciéndose errores y se perpetua el mal resultado

Solo hay una explicación posible. Si quien realiza el trabajo se siente mal y sufre con lo que hace, excepto en el caso que se trate de un masoquista, con toda seguridad no es el culpable. Veamos algunas razones básicas: la primera parece simple, aunque no lo es en absoluto. Nos referiremos a que quien ejecuta no tiene información. Nadie le ha explicado “que está bien “y “que está mal” no es capaz de distinguir cuando el resultado que ha obtenido es erróneo.

La valoración como resultado erróneo no la está haciendo el, sino nosotros, desde otra posición, con toda seguridad, distinta a la suya. En ocasiones es así de simple. Si el caso es este, queda claro que es nuestra la responsabilidad, no la suya. Ya que, teniendo la información que distingue lo adecuado de lo que no es, somos nosotros quieres deberíamos estar suministrándola. Quien se equivoca puede hacerlo simplemente porque no dispone de la capacitación necesaria para valorar su propio resultado. Diríamos que trabaja desinformado en cuanto a la validez o de su resultado, no por su culpa, sino por la ceguera provocada por la falta de información para poder valorar con el mismo criterio que nosotros lo que hacemos

No se precipite y piense cuantos errores usted mismo se hubiera evitado si alguien le hubiese informado correctamente. Seguro que en alguna ocasión ha recibido una reprimenda por el resultado que usted desconocía que fuera erróneo. Un buen ejemplo en el terreno profesional lo encontramos en la definición del puesto de trabajo.

¿Recuerda su primer día en el lugar que ocupa ahora? Probablemente todo era emoción ante lo nuevo, ilusión, algo de miedo y mucha incertidumbre. Afortunadamente su jefe le dedico tiempo a definir con claridad varios puntos:

  1. Cuáles eran sus responsabilidades básicas
  2. Cómo y por quien será evaluado su trabajo
  3. Cuáles eran sus recursos, atribuciones y ayudas con las que podía contar para hacer su trabajo
  4. Que rendimiento era el esperado en su fase de prueba

Así, al tener usted toda esa información, le fue más fácil avanzar con menos estrés ¿Perdón? ¿Es posible que no lo dijeran eso? ¿Empezó usted sin esa información básica? Cuesta creerlo.

Disculpe la ironía, pero únicamente queríamos señalarle algo. Somos conscientes de que lo más normal es que no sea como lo hemos descrito. Lo más frecuente es que todas esas necesarias aclaraciones fuera usted descubriéndolas con el paso de los días e incluso semanas. Seguro que muchos errores se los podía haber evitado si alguien, con preferencia su jefe, hubiese invertido unos minutos en contestar a la preguntas básicas ¿Ve? a eso nos estábamos refiriendo con la falta de información. Con toda seguridad usted tardo algún tiempo en saber que estaba “bien” y que estaba “mal” Hemos visto la primera causa. Sabemos que no siempre es esta la razón de una pobre ejecución por lo que le proponemos una nueva posibilidad para la reflexión.

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Esta otra razón es simplemente la incapacidad. La falta de capacidad se produce cuando el continente no puede abarcar el contenido. Es en ese momento cuando se desborda. Podríamos llamar a eso escasez de recursos. Esta última puede ser de dos tipos; escasez de recursos a nivel personal (baja formación) o a nivel material (baja inversión). Nuevamente no estamos consiguiendo lo esperado por elementos externos a la persona. No dependen del individuo que se equivoca ni la inversión ni los conocimientos que no tiene. Sin una buena inversión en formación es imposible una buena ejecución satisfactoria y si mantenemos la máxima de que a todos nos gusta que nuestro trabajo sea bueno, concluiremos que a todos nos interesa aprender para poder satisfacernos con un resultado exitoso.

Por otro lado si no ofrecemos los recursos necesarios, es imposible que nadie, por buena formación que tenga, pueda hacer frente a los resultados si estos no están indefectiblemente ligados a la disponibilidad de recursos

Una vez más le proponemos que evoque su propia experiencia. No será agradable, pero le sugerimos que recuerde la sensación que produce hacer frente a una situación sin recursos. Es como enfrentarse a la lluvia sin paraguas, solo comporta frustración e incomodidad. ¿Cómo puede llegar uno a sentirse al verse frente a una situación desconocida y para la que no tiene la información o los conocimientos necesarios? Es como estar ante una persona que habla un idioma desconocido para nosotros ¿recuerda la sensación de desorientación que produce? Algo similar se da cuando no tenemos la formación o recursos suficientes para descodificar una situación.

Podemos afirmar que en ocasiones, llegamos a crear condiciones para trabajar mal, aunque no lo hagamos de una forma consciente. Quizás no seamos más que las víctimas de un sistema creado por nosotros y del que hacemos al trabajador responsable en un alarde de desplazamiento.

Si tuviéramos que tolerar a los otros lo que nos permitimos a nosotros mismos, la vida será insoportable (George Courteline, escritor francés, siglo XX)

Oscar Farre: Consultor y Formador de Tempo Consultoria Integral

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