Máscaras emocionales

Máscaras emocionales

Decía Gandhi:

Si cada día nos arreglamos el cabello ¿por qué no hacemos lo mismo con el corazón?

Cada día producimos enormes cantidades de basura doméstica, y cada día las eliminamos de nuestras viviendas, conscientes de que es antihigiénico retenerlas y acumularlas. La basura se pudre, se deteriora, huele mal y si no las procesáramos llegaría un punto en que no podríamos vivir en aquel ambiente insano.

Nuestra mente y nuestras emociones también producen productos tóxicos fruto de nuestra incompetencia para gestionar conflictos, frustraciones y sufrimientos.

Es preciso tomar conciencia ecológica, ser valientes y eliminar de nuestra vida los tóxicos emocionales que fabricamos a diario, por difícil o desagradable que sea esta tarea.

¿Por qué escondemos o retenemos nuestras emociones? ¿Somos conscientes del impacto negativo que esta estrategia tiene en nuestra vida? ¿O en una relación de pareja?

Somos diferentes y no tenemos ni podemos estar siempre bien ni de acuerdo. Debemos darnos permiso para sentir y pensar diferente, es legítimo discrepar; peleemos, pero no de cualquier forma ni constantemente.

Tenemos que atrevernos a mostrar lo que pensamos y sentimos y a pedir lo que necesitamos o deseamos. Aprendamos mejores formas de hacerlo.

Retener basuras emocionales es tóxico y nos hace enfermar; darles una salida correcta evita que acumulemos facturas emocionales y mejora el clima de nuestra vida y de nuestras relaciones.

Cuando obramos de acuerdo con nuestra idiosincrasia y ética personal y desplegamos nuestro proyecto de vida – el nuestro y no el que otros habían pensado para nosotros- es posible que alguien se pueda sentir dolido, excluido, menospreciado, infravalorado o en inferioridad de condiciones.

Nos colocamos máscaras de fortaleza, de superioridad, de seguridad, de dureza, en un intento de mostrarnos como NO somos o para NO dejar entrever nuestra vulnerabilidad.

Quizás pensamos que no somos lo bastante valiosos, interesantes, inteligentes o atractivos si nos mostramos sin ellas.

Quizás no confiamos ni en nosotros mismos, ni en nuestra pareja. La falta de sinceridad, al esconder lo que en realidad pensamos -para que el otro nos apruebe o para no discutir (lo que sentimos), para no tener que afrontar conflictos o ser heridos-, o lo que realmente queremos -para evitar la crítica y el juicio del otro- nos deja sin ningún tema que compartir. Entonces hablamos de banalidades, de tópicos, de los demás o bien soportamos un silencio pesado lleno de soledad.

Las máscaras emocionales pueden hacer que vivamos con alguien irreal que sufre por vivir con alguien irreal que también sufre. Sin comunicación no es posible construir una relación.

Hay quien vive habitualmente acorazado, cerrado y a la defensiva, aislado en un mundo privado donde el otro no tiene acceso, y aunque uno de los dos se esfuerce no se puede mantener unilateralmente una relación de pareja equilibrada, y tu ¿que estrategia de comunicación utilizas?

Oscar Farré, Consultor Tempo-Consultoria

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