Obsesión por la imagen

Imagen corporativa

En los últimos años, las empresas de nuestro país han pasado del hermetismo y la opacidad más absoluta a una auténtica obsesión por la imagen, generalmente entendida para salir bien en la foto o simplemente aparecer en los medios de comunicación y redes sociales.

El cambio ha sido sorprendente, pero no estamos, a mi entender, ante uno de estos giros de 180 grados. Tampoco sería exacta la figura de un péndulo para explicar esta oscilación y como saben los magos, la forma más eficaz de crear la ilusión del movimiento consiste en conseguir que la gente confunda los extremos.

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La obsesión por la imagen y la consiguiente confusión de expertos y consultores, es un abuso de maquillajes y afeitados de “Cosmética en la imagen empresarial” que empieza a ser sinónimo de baño cosmético en general.

Junto con los avances de la transparencia, “la comunicación” se ha convertido también en la mejor tapadera para los negocios raros o para las relaciones ocultas, y en una potente arma para desacreditar al adversario.

Paralelamente, en medio de estos despropósitos, son numerosas las empresas, los directivos y las personas que, en una dimensión más real, se han formulado preguntas sobre las formas, los qué, los cómo, los dónde y los cuándo y el sentido de la comunicación, especialmente en los últimos años.

Hoy día nadie duda de que las empresas tienen que hacer frente, o considerar, por lo menos, sus necesidades de comunicación, y el abanico de respuestas sobre el mejor planteamiento de la comunicación es muy amplio.

Hay quien afirma que suelen ir muy bien las empresas que no tienen departamento de marketing; hay quien cree que sin transparencia las empresas pierden consciencia interna y legitimidad social, ya que para ellos las empresas bien gestionadas son transparentes, y hay quien va más allá y cree que muchas empresas están bien gestionadas porque son transparentes.

Sea la que sea, la actitud de la comunicación, sí que se puede establecer una gradación en la respuesta: se aprecia ya una valoración de la comunicación como “algo” no meramente externo a la actividad habitual de las empresas, sino como un doble valor, una herramienta positiva de gestión que puede acabar siendo una crítica para toma de decisiones y la cohesión interna para alcanzar una coherencia atractiva y eficaz a la proyección exterior.

La comunicación es contacto, algo que alguien dice a otra persona a través de un medio y con algún efecto y que la información es emisión de símbolos o datos estructurados de forma accesible a quien conozca el código de lenguaje en que están elaborados.

Yo no puedo comunicarme en español o en inglés, o en catalán, o en otro idioma, con alguien que no conozca este idioma, pero si puedo informar sobre algo en mi idioma, independientemente de que quien me escuche, lo entienda o no: hablar en un idioma que nadie entiende es uno de los “refugios” más frecuentes de la falsa comunicación empresarial.

In-formar consiste en dar forma”a un mensaje, independientemente de si alguien lo recibe o no.

La comunicación es el cauce, la información es el contenido.

La comunicación está de moda, y como pasa con los grandes valores, se están produciendo muchos abusos en su nombre, lo que me anima a seguir escribiendo con vocación práctica y la aplicabilidad sobre las razones, maneras, aciertos y errores con que las organizaciones manejan la comunicación.

Oscar Farré

Consultor, Tempo Consultoria Integral

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